Amar a mi hijo o hija

Mucho se dice que “nadie nace sabiendo ser padre o madre”, pero sí que se puede aprender. Hoy se tienen al alcance muchos estudios sobre desarrollo y psicología infantil de los que podemos echar mano para ser los mejores padres.

De acuerdo con los estudios de la terapia familiar, los componentes del amor parento/filial son: reconocimiento/valoración, cariño/ternura, sociabilización/normatividad y cuidado/protección. Esto quiere decir que nos toca amar a nuestros hijos tal como son, cuidándolos y enseñándoles las normas sociales.

El reconocimiento implica hacerle saber a nuestros hijos que los amamos con su singularidad, con todas sus características y que apreciamos sus cualidades. El amor pleno es amar al otro por ser quien es, sin pedirle que cambie.

Cariño/ternura quiere decir vincularse con emoción y reconocer las necesidades psicológicas de nuestros hijos y hacer algo para cubrirlas; así sabrán que los amamos. Decir “te quiero”, apapachar, abrazar y acercarnos cuando estén tristes o molestos sin juzgar es amar.

La sociabilización incluye enseñar a nuestros hijos las reglas sociales y el respeto al prójimo. Es importante explicarles dónde y cuándo se pueden decir o hacer ciertas cosas; hay que explicarles qué temas se pueden hablar en público y qué en privado, así como con quiénes. Esto les permitirá a los niños adaptarse en el futuro a una sociedad que exige a sus integrantes seguir cierto orden y evitar dañar a los demás.

Además, el cuidado y la protección se refieren a proveer de lo necesario a los hijos para su sano desarrollo. Brindar techo, vestimenta, alimentos, servicios de salud, vacunas, escuela y protección, en todo momento, es decirles a nuestros hijos que los amamos. Enseñarles a comer sano, jugar, descansar, hacer deporte y estudiar es muy importante. Otro aspecto fundamental es hablar con los niños sobre el autocuidado y los límites con el propio cuerpo. Hay que tener esa charla sobre las partes del cuerpo que otras personas no pueden tocar y fomentar la confianza para que no teman decirnos si llega a presentarse un abuso sexual.

Para estar bien, es necesario que los niños se sientan y se sepan amados en todo momento; por eso, nunca está de más nutrirlos relacionalmente. Decirles a tus hijos “Te quiero tal como eres”; “siempre te voy a apoyar”; “¿qué necesitas? estoy para ayudarte”; “es importante que aprendas a cuidarte”; “todas las personas son dignas de respeto”; “puedes confiar en mí”; “me puedes decir lo que sea”; “no te voy a regañar, sino que trataré de comprenderte”; entre otras cosas, es bueno para su salud psicológica.

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